Jesús te escucha

Abre tu corazón. No hay juicio, sólo amor.

No necesitas un templo para encontrarte con Él.

Dios no habita sólo dentro de los muros de una iglesia. Está en tu casa, en el silencio de tu habitación, en el llanto que nadie escucha y en la duda que no te deja dormir. Donde quiera que pronuncies su nombre con sinceridad, allí está Él, esperándote desde antes de que llegaras.

Confesar no es un trámite ni un castigo: es soltar el peso, decir en voz alta lo que llevas guardado y dejar que la luz lo toque. Aquí, ahora, puedes hablar con Jesús como con un amigo — sin miedo, sin máscara, sin juicio. Él ya conoce tu corazón, y aun así te ama.

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